Discurso de Ana María Sánchez Mora durante la entrega del Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia y la Técnica “Alejandra Jáidar” 2025
¿Sabías que... Martín Bonfil es el premio Alejandra Jaidar 2025?
Se preguntarán por qué anuncio a nuestro premiado mediante uno de los lugares comunes de la sedicente divulgación.
Procedo a explicarme.
Justo un par de días antes de haber convenido en desayunar juntos Martín y yo por motivos navideños, me enteré del otorgamiento del premio anual de la Somedicyt. Hacía mucho que no platicábamos, ni de asuntos profesionales ni personales. Como era de esperarse, un abrazo de felicitación fue el preámbulo. Después de ponernos al día sobre los más recientes acontecimientos vitales, pasamos, molletes de por medio, a hablar de la situación que, a juicio de cada quien, guarda actualmente nuestra profesión. CPC, comunicación pública de la ciencia, dije con la inercia y el descuido del fatalista, a quien ya le da lo mismo. Fue cuando Martín, el premiado, mi amigo y colega, brincó hasta el techo, dispersó un poco de su ardiente café y luego me espetó sin conmiseración: ¡No puedo creer que tú uses ese término! Esto, excepto la incómoda sorpresa del homenajeado, por supuesto es una dramatización, como dicen ahora.
Me sonrojé, desvié la mirada, tartamudeé: total, ya todo el mundo le dice así. Por suerte, arrojó su servilleta hacia un lado y no a mi cara, pues habría pensado que me retaba a duelo. Continuó: ¡Ese nombre no tiene nada que ver con lo que hacíamos hace años, con nuestros ideales, con la verdadera divulgación de la ciencia!
En ese momento oí campanitas, lo que los poetas llaman epifanía, o vulgarmente caída del veinte. Aquilaté una vez más la razón de nuestra afinidad intelectual-laboral: la defensa de esa singular mezcla de ciencia y comunicación, la divulgación. ¡Qué digo mezcla, ni amalgama...! ¡Reacción química! Nos decían en secundaria que, por definición, una reacción química produce una sustancia nueva con propiedades diferentes a las originales. Cloruro de sodio, ni sodio ni cloro, típico ejemplo. Pero en raros casos se conservan rasgos originales. Como la oxidación del hierro: óxido de hierro, que delata la naturaleza metálica del hierro y la presencia del oxígeno, aunque reorganizados, ¿puedo decir recreados? Ciencia y comunicación, inseparables en la divulgación de la ciencia. Toda una metáfora, con dedicatoria a nuestro premiado QFB.
Hay quien dice que la P es para no confundirla con... ¿la comunicación entre pares? ¿La comunicación privada? La historia de la adición de esta P no es muy conocida, y los nuevos comunicadores públicos de la ciencia creen que antes de la CPC no había nada o, peor aún, que había una forma decimonónica, falsaria, propagandista y malintencionada hacia su pobrecito público. Pregunten por ejemplo a un alumno del posgrado en Filosofía de la Ciencia: el comentario más benigno será: bah, esa concepción obsoleta, deficitaria e irresponsable.
Una vez tranquilos los ánimos y puestos de acuerdo: en la divulgación, la ciencia es tan importante como la intención de hacerla un bien común, como dejó dicho Luis Estrada, pasamos a fusilar colegas y discutir detalles. ¿La ciencia a divulgar es solamente la salida del producto del horno de la investigación, en forma de papers en revistas indexadas, con sus debidas referencias y evidencias? ¿Dónde quedan entonces aquellas buenas herramientas para acercar al lector? Por ejemplo, el contexto histórico, la escritura literaria, el imaginarse los intereses del otro. Se puede considerar divulgación de la ciencia un artículo que exponga una novedad científica de interés, tanto como un libro que trate no solo de novedades o datos sino de la forma de razonar que llevó a ellos y su urdimbre en el mapa del conocimiento natural. Y en el otro extremo: los datos sin contexto, haciendo creer que una reunión masiva de observación astronómica, la mera descripción de la naturaleza o un ejercicio de presentación de datos curiosos fuera de contexto es divulgación.
Entre el paper maquillado y el dato inane. Saqué a colación el ejemplo más rudimentario: el sabías que... Por supuesto, nuestro premiado está en contra del paper, pero defendió su idea original de que coexiste una variedad de grados de información, por lo cual incluye en la divulgación el Sabías que.... en el mundo existen 13 025 especies de helechos. Que una hormiga puede levantar 100 veces su propio peso. Que se calcula que el número de estrellas visibles es de unas 8 000. Para Martín, estos ejemplos cumplen con proporcionar datos, y la discusión amistosa nos llevó a aceptar que los datos pueden formar parte de la ciencia, pero que no son ciencia. Como si esta charla se hubiera sostenido con Sabías que Martin Bonfil es el premio 2025 de la Somedicyt, sin decir por qué muchos pensamos que lo merece. Sin decir por qué nos parece justo reconocer su larga trayectoria, con un currículo impresionante. Por algo su carta de postulación menciona que "Martín Bonfil Olivera ha sido un destacado divulgador científico cuyo trabajo ha tenido un impacto importante en la promoción de la cultura científica en México", y esto se debe en buena parte, creo yo, a su visión de la divulgación que considera ambos elementos, la ciencia y la comunicación, como un todo.
Acabó dándome la razón, aunque tal vez con los dedos cruzados a la espalda. Lo importante de tener al galardonado como amigo y colega es poder discutir con alguien que entiende los argumentos, aun para rebatirlos. No se puede excluir que hay nuevas concepciones de nuestro trabajo; solo hay que insistir en que, para considerarse comunicación de la ciencia, con P o no, traten de ciencia, y que no le den sucedáneos de divulgación al público, como cuando al mismo festival de siempre lo bautizan con un nombre estrambótico; que no desprecien una actividad valiosa suponiendo por ignorancia que este rechazo es una acción políticamente correcta.
Nuestro premiado, como yo y todavía algunos colegas, sigue creyendo en las virtudes de esta forma de hacerle llegar a la gente un conocimiento esencial. Hacerlo contra viento y marea, como recuerdo a la querida Alejandra Jaidar. Como escribió Martín, "Al final, la ciencia no revela verdades, sino que construye explicaciones y modelos que constantemente cambian y se corrigen, y que nos permiten entender, predecir y manipular, al menos por el momento, el mundo que nos rodea". Tan claro, simple y directo. Esto Martín lo ha defendido a lo largo de sus 35 años de divulgador, en sus cursos y en sus textos. Por ese solo hecho, por considerar en estos tiempos la ciencia como bien cultural, merece el premio de la Somedicyt.
Y ojalá que la sociedad no cambie su nombre a Somcpcyt; que siga haciendo honor a esa labor tan preciada, la divulgación.